Cómo fue que un perro mestizo me robó el corazón

Cómo fue que un perro mestizo me robó el corazón

Dicen que todos aquellos que formamos un vínculo especial con los perros tenemos un alma gemela perruna. Podemos tener muchos perros junto a nosotros, en varias etapas de nuestra vida, pero hay ocasiones en las que logramos crear una unión mucho más poderosa con uno de ellos. Y, si somos muy, muy, muy suertudos, tal vez esto mismo nos suceda dos veces en la vida.

Los perros han sido parte de mi vida desde que era chiquitita y siempre he sentido que tengo facilidad para formar un vínculo especial con la mayoría de ellos.

Uno de mis primeros recuerdos es cuando jugaba con el cachorro husky de mis tíos cuando yo también era prácticamente un bebé. Después recuerdo la emoción que sentía de ir a casa de mi abuela para ver a sus gatos y a su perro pekinés, Takeshi (aunque a él no le daba mucho gusto verme a mí, ni a nadie que no fuera mi abuela). También recuerdo pasar frente a la casa de uno de mis vecinos sólo para saludar a su peludo samoyedo, que le ladraba a todos los peatones, menos a mí.

Por supuesto, el mejor recuerdo de todos fue cuando finalmente tuve mi propio perro en casa, Bory, un cocker spaniel divino, que llegó a la familia cuando yo tenía 7 años.

[Foto: Familia Albertos]

[Foto: Familia Albertos]

Cuando pienso en cómo llegó Bory a nuestro hogar, me doy cuenta de la gran cantidad de errores que cometimos simplemente porque no sabíamos casi nada sobre los perros y, en general, por la poca conciencia que había en ese momento (estamos hablando de mediados de los años ochenta en la Ciudad de México) respecto a la venta de animales y la prácticamente nula noción sobre las adopciones caninas.

Fue por ello que a este cocker lo compramos en una tienda departamental cuando era muy pequeñito (seguramente tenía menos de las 8 semanas que los cachorros deben estar con sus mamás). Nadie preguntó nada más y con esa pequeña bolita dorada salimos de la tienda muy contentos, sin pensar en el terrible negocio que seguramente fomentamos sin saberlo.

Tiempo después, llegó el momento de irme de casa, cuando tenía 23 años, y no hubo duda de que yo quería tener mi propio perro.

Siempre quise tener un beagle porque estaba segura de que era la raza ideal para mí. Sin embargo, no quise cometer el mismo error que con mi perro de la infancia, por lo que investigué bien, encontré un criador especialista en beagles que me dio la confianza de que era ético, amaba a sus perros y los tenía en óptimas condiciones (incluso viajé a Veracruz para comprobar con mis propios ojos que así fuera). Y así fue que Ginger llegó a mi vida y las dos fuimos (y seguimos siendo) muy felices juntas.

Ataque de besos. :)

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Poco después, una de mis mejores amigas adoptó a una perra, Kilah. Esta era la primera vez que escuchaba sobre las adopciones y fue de esta manera como empecé a tomar conciencia de la terrible situación de los perros callejeros y del gran absurdo que es comprar un perro cuando hay miles que necesitan un hogar.

[Foto: Instagram alexndraleaving]

[Foto: Instagram alexndraleaving]

Y fue entonces cuando decidí adoptar a Tomás, el mestizo que me robó el corazón.

Tomás <3 <3 <3

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Su llegada a nuestra vida no fue sencilla. Aunque no sabemos con claridad qué le sucedió, es fácil darse cuenta por su gran cicatriz en el cuello y por el terror que le tenía a los humanos que su pasado fue muy duro. Su miedo era tan grande que debo confesar que el día que lo conocí me cuestioné si traerlo a casa sería la mejor decisión, pero con todo y el pánico que tenía (él y, la verdad, yo también), inmediatamente se puso de panza y me dejó acariciarlo, lo cual hizo que se me derritiera el corazón y fue claro que tenía que venir conmigo.

Tomás pasándola mal.

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Cuando llegó a casa pasó las primeras 24 horas debajo de una mesa sin querer salir. No quiso comer, ni tomar agua y se hizo pipí encima. Ahí me di cuenta de que necesitaba ayuda, entonces llamé a la mujer que lo había cuidado para pedirle un consejo y me dijo una de las frases que jamás olvidaré: “recuerda que el amor y la paciencia todo lo curan”. Así que decidí seguir este consejo con Tomás.

Tomás :)

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Hoy, mi guapo mestizo tiene casi seis años con nosotros, pero el camino no fue sencillo. Tardó casi un año en tenerme total confianza y casi dos años en tenerle total confianza a mi esposo, pero una vez que lo hizo, nos demostró que su cariño y lealtad serían incondicionales.

Tomás fue el primero en darse cuenta de que yo estaba embarazada y se convirtió en mi fiel guardián en el proceso. Una vez que nació mi bebé, le extendió también sus cuidados, protección y amor.

Cuidando a Helena. 💛💙💜💚❤

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También es el perro que me enseñó que no existen las razas ideales, sino que la conexión profunda con un perro se hace por miles de motivos más y que el físico es lo de menos.

Katz y Tomás.

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Asimismo, es el corresponsable de que adoptara un perro más, Paul, que llegó a la casa un poco bajo la lógica de “donde comen dos, comen tres”, pues sentí que aún podía ayudar a uno más.

Y, sí, Tomás también es un poco responsable de que exista Instituto Perro, este blog a través del que día con día procuramos que los dueños estén mejor informados sobre sus perros con el fin de que eviten cometer esos errores frecuentes que pueden afectar la relación entre ambos y, por supuesto, desde el que apoyamos la cultura de la adopción y la esterilización.

Ayer, de visita en la oficina.

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Sin duda a Ginger y a Paul los adoro, pero Tomás… Tomás es mi alma gemela perruna, es el amor perruno de mi vida y, sí, es el mestizo que me robó todo el corazón. Y soy la más suertuda del mundo por haberlo conocido y por tener el privilegio de ser su mamá humana.

Tomás amaneció especialmente chipilón. Hoy le toca mucho apapacho. 🐶❤

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¿Y a ti te ha robado el corazón un mestizo? Cuéntanos la historia. 

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